4/12/12
4 de Diciembre es futuro




Yo no lo viví. No tenía edad. Soy de la generación siguiente, la Transición nos pilló en el colegio y en casa no se hablaba de política. Lo que recuerdo no tiene nada que ver con la política, sino con la dignidad, como todas las utopías. Lo que recuerdo tiene música en la voz de Carlos Cano y dos colores: verde y blanco. Y las manos frías apretando las banderas. Y luz, mucha luz, luz que inunda todas las fotografías y que el tiempo no ha podido vencer convirtiéndola en sepia. Me han contado emociones vibrantes. Me han contado que latían al unísono los deseos de liberación y prosperidad. Me han contado que la esperanza se encarnó en millones de sonrisas. Y que, al caer la tarde, la luz se fundió en lágrimas por la sangre de un muchacho malagueño, Manuel José García Caparrós, que fue asesinado con la arbonaida en las manos.

Lo que me han contado ya no existe, sólo está en la memoria de algunas personas y en la nostalgia de algunas otras. La vida es tan acuciante en este momento, tan inhóspita y difícil, que no habita en el recuerdo por más que éste sea brillante. Tal vez sea porque no lo viví y seguro que es porque nunca me apunto a la nostalgia y porque, conforme me hago mayor, me descubro iconoclasta, pero estoy convencida de que el 4 de diciembre es, sobre todo, semilla; es, ante todo, futuro.

No sé si el tiempo es relativo o cuántico, ni si tiene tres o cuatro dimensiones, sólo intuyo que no es absoluto. Por eso, en tanto que la física provee otra cosa, me quedo con la secuencia improvisada para salir de una encerrona: memoria, vida y esperanza son los estadios del tiempo. Sin memoria no sabemos quiénes somos, sin vida no somos y sin esperanza no llegaremos a ser. La memoria me interesa para el conocimiento y la esperanza para la vida.

Por eso sé que más allá del símbolo, del día fundacional y otras gaitas, el 4 de Diciembre no es arqueología, es futuro. Es semilla que no arraigó y que hay que volver a sembrar, es meta y no punto de partida, es horizonte y camino por andar. Porque nada queda de aquel cuatro de diciembre, porque la memoria está tan descolorida que ni siquiera recordamos que alguna vez fue de luces. Y porque la nostalgia no nos salva del presente de pobreza.

Yo me apunto a la esperanza de la semilla, de la vida que será y que contiene. Frente al presente dolorido, frente al fracaso del pueblo que sólo fue un día y que luego ha continuado lo que era. Esta sociedad que ha reído las gracias a los tahúres y ha aupado a los nuevos ricos. La que da el poder a mediocres sin ideas pero con sonrisa blanqueada y luego los critica por las esquinas del sufrimiento. La que ha consentido la desigualdad, la corrupción, los derechos recortados. La que se resigna a que las vidas de un millón y medio de personas sean números en las estadísticas del paro.

Este tiempo termina. Todo este dolor tiene que ser, por arte de compasión e inteligencia, semilla de futuro. Ese es el 4 de Diciembre. Semillas de indignación y de rebeldía que consigan una financiación necesaria para crear empleo y una ley que garantice el derecho a la vivienda, semillas que algún día vean con naturalidad el reconocimiento del derecho a decidir. Semillas de coraje y esperanza en  una Democracia que proteja a los ciudadanos y sustituya a la partitocracia que protege a los corruptos. 

Esto que digo no es nuevo. Carlos Cano lo escribió, infinitamente mejor, otro 4 de diciembre:

Por eso yo levanto la bandera de mi pueblo. Por eso yo pronuncio el nombre hermoso de mi tierra. Y espero y deseo que las nuevas generaciones, con el poder que da la vida, recuperen los ritmos, la emoción, el arte y el firmamento. Y los arrojen contra este mundo que se derrumba y desaparecen en propio fracaso y en la memoria de los tiempos para siempre.
El pasado ya no existe. Hablemos sólo de su cadáver.

¡VIVA ANDALUCÍA LIBRE!”

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by Carlos Azagra